El planeta del hombre de negocios

En el cuento se nos muestra un diálogo entre el principito y el hombre de negocios, un hombre que solo piensa en los números y en poseer cosas que no son posibles. Este personaje se encuentra siempre ocupado contando las estrellas que posee y que pretende poseer, para utilizarlas posteriormente para comprar más estrellas y que crezca así su riqueza.

Lo que no contempla el hombre de negocios es que en realidad es un esclavo de su trabajo y que no puede adueñarse de algo que no tiene dueño alguno, puesto que para que algo nos resulte útil y nos sirva de ayuda a lo largo de nuestra vida, además de poseerlo, ha de ser práctico, debe aportarnos  algo.

Es una relación recíproca. Posees un coche al que cuidas y mantienes y él a cambio te lleva a todas partes o posees un perfume que tú llevas contigo siempre y te proporcionará un agradable aroma. Pero hay cosas que no se pueden poseer, que no son de nadie, que son libres. El mar, las estrellas… la naturaleza en sí no se puede poseer, pues ha sido creada para que las disfrutemos pero no para que nos la apropiemos. Las personas tampoco pueden ser posesión de nadie. Aunque con ellas sí se puede establecer una relación recíproca de cariño o de amor. 

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